Conviértete en ese UNO entre MIL que logra INCREÍBLES Resultados ~ Dinero online

jueves, 9 de marzo de 2017

Conviértete en ese UNO entre MIL que logra INCREÍBLES Resultados



En cualquier empeño que emprendamos, o en cualquier objetivo que persigamos, podemos obtener resultados increíbles, magníficos, buenos, aceptables, pobres, terribles o catastróficos.
Estudiando las vidas de muchas de las personas que más éxito han tenido en la historia, he descubierto que también ellos experimentaron toda la gama de resultados en uno o en más aspectos de su existencia. Pero en los campos de sus mayores consecuciones, todos ellos sin excepción obtuvieron resultados increíbles. Y todos y cada uno de ellos obtuvieron tan sorprendentes resultados porque aprendieron e hicieron uso de una simple habilidad, aunque increíblemente poderosa. Esta habilidad fue la clave mediante la cual hicieron realidad sus sueños imposibles. George Washington, Thomas Jefferson, Benjamin Franklin, Thomas Edison, Clara Barton, John D. Rockefeller, Henry Ford, Sam Walton, Walt Disney, Bill Gates, Oprah Winfrey y Steven Spielberg constituyen un ejemplo de personas que la han utilizado. Y lo cierto es que, cada vez que se hace uso de esta habilidad, a la larga genera resultados increíbles.


Foto: ABC.es

Además, casi nunca es posible lograr resultados inimaginables sin esta habilidad. Desgraciadamente, menos de una persona de cada milla utiliza plenamente. Lo bueno es que se trata de una habilidad que se puede aprender con facilidad, y que la puede utilizar cualquiera, independientemente de su origen, de su formación o de su cociente intelectual. Me refiero a la habilidad de la diligencia. La mayoría de las personas creen comprender lo que significa la diligencia, pero no hay nada que esté más lejos de la verdad. Cuando Salomón habla de la diligencia, está hablando de un rasgo que es tan raro como un diamante de diez quilates. Y la razón de que sea tan raro estriba en que la verdadera diligencia va en contra de la naturaleza humana.

Todos tenemos rasgos que forman parte de la condición humana. Estos rasgos generan impulsos, inclinaciones, fortalezas y debilidades de forma natural. Sin embargo, la diligencia no es uno de ellos. De hecho, el rasgo común a todos los seres humanos es nuestro deseo o impulso de gratificación inmediata. Lo queremos todo y lo queremos ya, con el mínimo esfuerzo posible. Ésa es nuestra naturaleza. Todos tenemos una inclinación natural a seguir la ley del mínimo esfuerzo. Afortunadamente, a pesar de nuestra inclinación natural, podemos optar por seguir un sendero de mayor esfuerzo y podemos hacernos diligentes en la búsqueda de cualquier empeño, proyecto u objetivo. Y si desarrollas el tipo de diligencia al que se refiere Salomón, podrás alcanzar resultados increíbles en cualquier campo importante de tu vida.




El Concepto de Diligencia de Salomón

El diccionario que tengo en el ordenador describe la diligencia como «un esfuerzo persistente y afanoso en la realización de algo». Me encanta la palabra «persistente»; la persistencia forma parte ciertamente de la diligencia. «Afanoso», por otra parte, no es el término más preciso que se pueda utilizar cuando se intenta comprender el significado de «diligencia» para Salomón. Yo preferiría utilizar el término «inteligente». Si yo necesito talar un árbol e intento hacerlo con un martillo, me supondrá un trabajo afanoso, pero no será ciertamente diligente. Me llevará horas, incluso días, echar abajo un árbol con un martillo. Por otra parte, si utilizo una motosierra, podré talar el mismo árbol en pocos minutos. El trabajo no me resultará tan «afanoso», pero sí que estaré haciendo un trabajo más «inteligente». El software de mi ordenador me ofrece una relación de palabras sinónimas de diligencia: meticulosidad, escrupulosidad, minuciosidad y esmero. Aunque todas estas cualidades constituyen aspectos importantes de la diligencia, no transmiten plenamente el significado que le da Salomón a esta palabra. Para comprender plenamente lo que Salomón quería decir con la palabra «diligente», tendremos que añadir esas cualidades a las palabras de Salomón que encontramos en Proverbios 20:11:

"Incluso en sus acciones da el muchacho a conocer si sus obras serán puras y rectas"




Las palabras clave aquí son «puras» y «rectas». Salomón utiliza la palabra «puro» no sólo en un sentido de valor moral o ético, sino más bien en cuanto al trabajo en su forma más pura. Se parece más a un término de minería que a un término ético. Las minas de Salomón suponían una importantísima porción de sus riquezas, y utilizaba con frecuencia términos mineros en sus escritos. Y si usted estuviera extrayendo oro, ¿qué haría? Extraería un montón de tierra, encontraría una gran roca, la sacaría y la sometería a un intenso calor que fundiera todas las impurezas. Lo que quedara de todo eso sería oro puro. Ése es el lado «puro» de la diligencia. Es consagrarse a invertir los días, las horas y los minutos de uno mismo en algo que va a traer un rendimiento puro sobre el tiempo y el esfuerzo invertido.

La otra parte de la diligencia es el lado «recto». No se trata sólo de trabajar en algo con persistencia y con inteligencia. Se trata de hacerlo recto: expeditivamente, eficientemente y efectivamente. Es decir, hacerlo a tiempo, al nivel más alto posible, independientemente de lo que se pida o se espere. Significa aportar creatividad, persistencia e, incluso, a otras personas y recursos externos en un esfuerzo por conseguir un resultado extraordinario.

"LA DILIGENCIA es una habilidad que se puede aprender y que combina: persistencia creativa, un esfuerzo inteligente rectamente planificado y rectamente realizado de un modo oportuno, eficiente y efectivo, para conseguir un resultado puro y de la más alta calidad de excelencia"

Fuente: El Hombre más rico que jamás existió, de Steven K Scott.

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